España tardó 16 años en volver a tocar esa copa. Y cuando lo hizo, Madrid se detuvo. Dos millones de personas, según datos de la Delegación de Gobierno, siguieron el recorrido de la selección española por las calles de la capital para festejar su segundo título mundial, en una celebración que terminó por todo lo alto en la Plaza de Cibeles.
Los actos comenzaron desde el mismo momento en que el avión tocó pista en el aeropuerto Adolfo Suárez-Barajas, en torno a las 14:25, una hora y media después de lo previsto. Rodri Hernández, el capitán, fue el primero en bajar, con la Copa del Mundo en las manos. Un autobús serigrafiado con las palabras «Enhorabuena campeones» los esperaba a pie de pista.
Después de un breve descanso, la expedición fue recibida por la Casa Real en La Zarzuela cerca de las 18:00. El rey Felipe VI no escondió la emoción: «Ha sido un triunfo épico. Regresáis algo magullados, habéis encajado alguna crítica, pero qué es todo eso comparado con la alegría de traer la Copa a casa. Sois todos un conjunto estelar y legendario.»
La noche en Cibeles fue una fiesta sin techo. Rodri levantó la Copa del Mundo ante una marea humana que no dejó de cantar. Cucurella se animó con la batería, el propio capitán tomó el micrófono para pedir una ovación para Ferran Torres, el autor del gol que hizo historia, y Aitana subió al escenario para cantar «Superestrella», una de las canciones más escuchadas durante el torneo. Lola Índigo, Ana Mena y Arde Bogotá también estuvieron presentes. Luis de la Fuente cerró la noche con unas palabras que la multitud no olvidará fácil.
España tiene su segunda estrella. Y Madrid, por una noche, fue el centro del mundo.




