Al menos tres personas murieron y otras 34 resultaron heridas tras una serie de ataques aéreos lanzados por Israel este miércoles contra objetivos militares en Siria. Entre los blancos alcanzados estuvieron la sede del Ministerio de Defensa en Damasco, instalaciones cercanas al palacio presidencial y otros puntos estratégicos en el sur del país. El gobierno sirio calificó la ofensiva como un “acto criminal” y acusó a Israel de violar la soberanía nacional.
Desde Tel Aviv, el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, justificó los bombardeos afirmando que buscan proteger a la minoría drusa, que se encuentra en conflicto con grupos beduinos apoyados por el nuevo gobierno islamista sirio. “Las advertencias en Damasco han terminado; ahora vendrán golpes dolorosos”, advirtió Katz en un mensaje difundido por redes sociales.
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) afirmaron haber destruido cuarteles generales de las fuerzas sirias en la capital y en zonas del sur, mientras que el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (SOHR) reportó que entre las víctimas fatales figuran tres comandantes del ejército sirio.
Sweida: foco del conflicto interno
El trasfondo inmediato de los ataques es el conflicto sectario desatado en la región de Sweida, al sur de Siria, donde combates entre comunidades drusas y beduinas dejaron unos 300 muertos en los últimos días. La situación se agravó tras denuncias de abusos cometidos por el ejército sirio durante su intervención en la zona. Como respuesta, miembros de la comunidad drusa de los Altos del Golán cruzaron la frontera para asistir a sus correligionarios, lo que elevó aún más la tensión.
Respuesta internacional y presión diplomática
La ofensiva israelí generó una rápida reacción internacional. El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, expresó su preocupación y confirmó que Washington inició gestiones diplomáticas con las partes involucradas para detener los enfrentamientos. La Casa Blanca también pidió a Israel que suspenda las operaciones militares y explore vías de diálogo con el gobierno de Damasco.
Desde Ankara, el gobierno de Turquía denunció los ataques como una maniobra para sabotear los esfuerzos de paz en Siria, mientras que el primer ministro libanés, Nawaf Salam, exhortó a la comunidad internacional a intervenir para frenar la escalada de violencia.
Un escenario inestable tras la caída de al Asad
Desde la caída de Bashar al Asad en diciembre, Siria atraviesa una etapa de fragmentación política y militar. El nuevo gobierno interino enfrenta grandes dificultades para consolidar su autoridad, especialmente en regiones como Sweida, donde los drusos han rechazado la presencia del ejército nacional y exigen autonomía local.
En ese contexto, los bombardeos israelíes no solo buscan frenar el avance de fuerzas consideradas hostiles cerca de su frontera, sino también intervenir en la configuración del nuevo orden geopolítico sirio. Analistas advierten que, más allá de su objetivo disuasorio, la campaña israelí podría acelerar una mayor regionalización del conflicto, con efectos aún impredecibles.
Israel no se pronunció oficialmente sobre los llamados internacionales al cese de las hostilidades. Por ahora, la situación en el sur de Siria continúa siendo volátil, con un alto el fuego recién anunciado en Sweida cuya eficacia sigue siendo incierta.



