Durante el rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro, el papa León XIV hizo un llamado contundente a detener los conflictos armados en el mundo y apostar por el entendimiento como camino para la reconciliación. En una jornada marcada por la conmemoración de los santos Pedro y Pablo, el Sumo Pontífice exhortó a la comunidad internacional a “trabajar por la paz a través del diálogo”.
Ante miles de fieles congregados este domingo en el Vaticano, el pontífice sostuvo: “Sigamos rezando para que en todos los lugares callen las armas y se trabaje por la paz”. Y agregó que la Iglesia debe ser, en este tiempo, una “casa y escuela de comunión”, especialmente en un mundo “herido por divisiones, violencia y desconfianza”.
Unidad y confianza como pilares de la fe
León XIV centró su mensaje dominical en la necesidad de recomponer lazos humanos y espirituales: “Mi servicio episcopal es servicio a la unidad de la Iglesia y entre las Iglesias. Se nutre del perdón y de la confianza recíproca, que comienza por nuestras familias y nuestras comunidades”.
Al invocar a la Virgen María y a los apóstoles Pedro y Pablo, el Papa remarcó que el camino de comunión exige no sólo fe, sino también disposición a reconstruir vínculos allí donde el dolor, la guerra o la indiferencia han generado fracturas.
Donaciones al Óbolo de San Pedro: un gesto de comunión
La celebración también coincidió con el Día del Óbolo de San Pedro, una colecta global destinada a sostener la misión caritativa y apostólica del Papa. León XIV agradeció públicamente las donaciones recibidas, que este año superaron los 58 millones de euros, reflejando un incremento con respecto a 2023.
“Agradezco de corazón a quienes con su donación apoyan mis primeros pasos como sucesor de Pedro”, expresó el Pontífice, en referencia a su reciente elección al frente de la Iglesia Católica. Según el reporte económico, el 93% de los aportes provienen de colectas parroquiales, ofrendas personales y legados testamentarios.
La jornada se vivió con un fuerte simbolismo religioso, pero también con un mensaje político claro: el Papa renovó su rol como voz moral ante los conflictos globales y como impulsor de una cultura de paz, en tiempos atravesados por guerras y tensiones geopolíticas crecientes.


