El INDEC publicó un dosier estadístico titulado “La transformación de la población argentina”, con proyecciones demográficas elaboradas en base al Censo 2022. El informe advierte que, hacia el año 2040, habrá muchos menos niños y un incremento significativo del número de ancianos.
Este grave informe aún no ha sido reflejado por los medios nacionales, salvo por NOTIVIDA, que informa siempre sobre estos temas y muchos más, gracias a Mónica del Rio, su responsable, que lo visibilizó en su portal.
Entre los principales cambios demográficos, se destaca que las mujeres tienen menos hijos y a edades más avanzadas. La desaceleración del crecimiento poblacional responde, principalmente, a la marcada caída de la tasa de fecundidad, que, junto con el aumento de la esperanza de vida, genera una población cada vez más envejecida.
Estos datos demuestran que las políticas inexistentes para incentivar la formación de familias y el aumento poblacional han causado lo que ningún país desea. Salvo por algunos organismos internacionales globalistas, que inexplicablemente lo promocionan. Incluso la Agenda 2030 de la ONU, con su lenguaje complejo, deja entrever que la “reproducción responsable” que sostiene en realidad es un eufemismo, y difunde prácticas antinatalistas y aborto.
Pero no sólo la ausencia de políticas públicas para poblar la Argentina nos ha cobrado la factura, sino mucho más: en más de 10 años, tanto el kirchnerismo como Cambiemos han adoctrinado a la juventud …y a los niños incluso! Con manuales y clases de “Educación Sexual Integral” donde se les enseñaba cómo hacerlo, en una vergonzosa sexualización precoz denunciada por no pocas organizaciones, incluso en la Justicia, como abuso infantil, ante la falta de autorización de los padres. También también se les enseñaba el uso de preservativos y la opción de la “interrupción legal del embarazo”, aún antes de la promulgación de la Ley de Aborto en 2022, mientras estábamos encerrados.
Una movida entre el Ministerio de Educación, el Ministerio de Salud y el gobierno de Macri, luego, y continuado por Alberto Fernández, instaló el Plan ENIA, para profundizar coordinadamente la oscura idea que la gestación de niños era un “problema que se puede resolver” no un don maravilloso de la vida.
Este plan incluía que los profesionales médicos ofrezcan a los jóvenes eliminar un embarazo. El Estado proporcionó millones de preservativos gratis, así como abortivos. Y luego de la aprobación de la Ley de Aborto, los procedimientos quirúrgicos de eliminación de niños por nacer sanos, sin cargo (o a cargo de nuestros impuestos; nada es gratis) fue el punto final de un plan concebido para educar a los niños y adolescentes en disvalores, en sexualidad precoz y aborto, con el desprecio a la vida de los más inocentes.
Es verdad, con el gobierno de Milei se suspendieron en establecimientos nacionales los adoctrinamientos con ESI, pero en provincias como Buenos Aires continúan, incluso con nuevos textos denigrantes, denunciados oportunamente por la sociedad, harta de tanta inmundicia.
El rastro de sangre y despoblación que se logró con estas políticas de reblandecimiento moral y libertinaje sexual, con dosis de feminismo incluido, nos valió los resultados que informa el INDEC. Una sociedad donde las mujeres se embarazan después de los 30, si se embarazan. Ya logramos los mismos índices de países europeos, con tasa de natalidad negativa, a los que les espera la extinción a largo plazo, como naciones. Con los problemas geopolíticos que ocasiona tanta locura ideológica.
Pero veamos cómo fue la evolución histórica de la población argentina:
· 1960: 20.013.793 habitantes.
· 1970: 23.364.431 habitantes.
· 1980: 27.949.480 habitantes.
· 1991: 32.615.528 habitantes.
· 2001: 36.260.130 habitantes.
· 2010: 40.117.096 habitantes.
· 2022: 46.135.579 habitantes.
La población actual es de 46,4 millones y se estima que en el año 2040 alcanzará los 47,5 millones, según las proyecciones oficiales. El crecimiento será mínimo en comparación con décadas anteriores y responderá, principalmente, al aumento de la expectativa de vida, no a la natalidad. ¡En 15 años sólo un millón de argentinos más!
Si sólo hubiéramos conservado el ritmo de crecimiento poblacional incluso de 2010 al 2022 (doce años), la proyección para el año 2040 sería de 52 millones, o sea 6 millones más de habitantes, no sólo 1 millón, cifra que pasa a ser un problema no sólo poblacional, sino que incidirá en el sistema jubilatorio, y laboral; y que ya se verifica en ciudades como CABA, en el cierre de varias instituciones educativas de la primera infancia.
El dossier señala: “Se prevé que la esperanza de vida continúe en aumento. Esto hace que, hacia 2040, se espere una menor proporción de niños, niñas y adolescentes y una mayor proporción de personas adultas mayores en el territorio nacional”. Por lo que menos trabajadores deberán sostener con sus aportes a más adultos mayores. Y por eso no es de extrañar que se estén presentando proyectos de Eutanasia. Como ya dijo el nefasto Alberto Fernández a Noticias: “teníamos que mantener a una persona hasta los 70 años y ahora lo tengo que mantener hasta los 85” (textual).
La población menor de 18 años se reduciría en un 35% entre el 2022 y el 2040 (de 12.603.964 a 8.179.478), lo que refleja el impacto sostenido de la baja fecundidad. Mientras que en el mismo período el número de personas mayores de 80 años se incrementaría en un 59,3% (de 1.194.554 a 1.902.972).
El alargamiento de la expectativa de vida compensaría parcialmente la caída de la natalidad, pero el resultado será una población cada vez menos numerosa y más envejecida, con implicancias sociales y económicas que aún no se abordan en la agenda pública.
Esperamos que el Gobierno Nacional tome nota de estos informes y de acuerdo a sus propuestas electorales, defienda la vida de cada argentino, vivo y por nacer.
Y promocione, como países europeos que dejaron atrás la trágica Agenda de muerte 2030, y retome las políticas de Estado de promoción de la familia y los valores cristianos; que gobiernos anteriores se dedicaron a destruir. Los datos están. Es necesaria una toma de conciencia del peligroso futuro que nos espera si no gestamos el cambio cultural que hace falta.
Fuente: El Cristiano




