Hay historias que el tiempo no logra archivar, no porque permanezcan abiertas en un expediente judicial, sino porque siguen latiendo en la memoria de una comunidad. La de Betty Argañaraz es una de ellas.
Este 31 de julio se cumplen veinte años de la desaparición de la querida docente tucumana, una mujer cuya vida quedó abruptamente interrumpida el mismo día en que debía comenzar una nueva etapa profesional como directora de un colegio. Desde entonces, su nombre dejó de representar solamente a una maestra comprometida con la educación para convertirse en un símbolo de la búsqueda incansable de verdad y justicia. Aunque hubo condenas judiciales, la herida permanece abierta: su cuerpo nunca fue encontrado.
Dos décadas después, familiares, amigos y personas que nunca dejaron de acompañar esta causa volvieron a reunirse para recordarla. La misa celebrada en la Parroquia Inmaculado Corazón de María fue mucho más que una ceremonia religiosa, fue un acto de memoria, de amor y de esperanza, un espacio donde el recuerdo volvió a abrazar a una familia que jamás dejó de esperar.
En ese encuentro, su hermana Liliana Argañaraz escribió una carta dirigida a Betty. Un mensaje íntimo, cargado de emociones, en el que expresó que el paso de los años no logró disminuir el vacío de su ausencia y renovó el compromiso de seguir honrando su vida, convencida de que el amor nunca desaparece y que la búsqueda de la verdad continúa siendo un deber de todos.
Pero hubo otro gesto profundamente significativo, la familia decidió dedicar unas palabras a quienes, desde hace veinte años, acompañan este camino desde la comunicación. Agradecieron el respeto, la sensibilidad y el compromiso con el que muchos medios mantuvieron viva la historia de Betty. Destacaron que cada noticia publicada, cada entrevista y cada espacio concedido para recordar su nombre ayudó a impedir que el olvido ganara terreno. «La memoria también se construye con quienes eligen contar la historia», expresó su Liliana Argañaraz, hermana de Betty. y continuó, «Gracias a cada periodista que hoy acompaña este camino con respeto, humanidad y compromiso. Su voz ayuda a que Betty nunca sea olvidada y a que la búsqueda de verdad y justicia permanezca viva».
En tiempos donde la información circula con velocidad y muchas noticias duran apenas unas horas, el caso de Betty Argañaraz recuerda que el periodismo también tiene una misión permanente: sostener la memoria colectiva, dar voz a quienes siguen esperando respuestas y evitar que las causas más dolorosas desaparezcan de la agenda pública.
Veinte años después, Tucumán continúa pronunciando su nombre. Lo hace porque detrás de ese nombre hubo una docente, una hermana, una tía, una amiga y una mujer que tenía proyectos, sueños y una vida por delante. Lo hace porque ninguna familia debería resignarse a no saber dónde está un ser querido. Y lo hace porque la memoria, cuando se sostiene con verdad, compromiso y humanidad, también es una forma de justicia.
Hoy, Betty Argañaraz sigue estando presente. En el recuerdo de quienes la amaron, en la perseverancia de su familia y en la conciencia de una sociedad que entiende que hay ausencias que nunca deben convertirse en olvido.
Como homenaje a su memoria, Liliana Argañaraz, le escribió unas palabras:
«A 20 AÑOS DE TU DESAPARICIÓN
Hoy no estás, no porque así lo quisieras ni porque Dios así lo decidiera. No estás porque te arrebataron la vida, y con ella también se llevaron un pedazo de nuestro corazón.
Han pasado veinte años y tu ausencia sigue doliendo. Te extrañamos en cada abrazo que falta, en cada recuerdo compartido y en cada momento importante de nuestras vidas.
Hoy nos reunimos para honrar tu memoria, para rezar por vos y para renovar nuestro compromiso de no olvidar. Porque el amor permanece, la memoria sigue viva y la esperanza de verdad y justicia jamás se apaga.
Betty Argañaraz… Siempre en nuestros corazones.«





