Por Leandro Della Vedoba. Para La Proclama’.

Con el escrutinio oficial estabilizado en el 98,6%, Perú asiste a un cierre electoral de alta tensión matemática. Aunque los números fríos todavía hablan de un empate técnico milimétrico entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, la geografía política permite adelantar un resultado irreversible. Las actas pendientes de procesar y revisar corresponden mayoritariamente a Lima y al voto en el exterior, bastiones históricos de la centroderecha que terminarán por inclinar la balanza en favor de la líder de Fuerza Popular.
Con el escrutinio oficial estabilizado en el 98,6%, Perú asiste a un cierre electoral de alta tensión matemática. Aunque los números fríos todavía hablan de un empate técnico milimétrico entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, la geografía política permite adelantar un resultado irreversible. Las actas pendientes de procesar y revisar corresponden mayoritariamente a Lima y al voto en el exterior, bastiones históricos de la centroderecha que terminarán por inclinar la balanza en favor de la líder de Fuerza Popular.
Este triunfo agónico, sin embargo, no representa un cheque en blanco ni una adhesión entusiasta al fujimorismo; opera, fundamentalmente, como un voto de contención defensiva de las clases medias urbanas y la diáspora peruana. Tras una década marcada por una volatilidad institucional feroz —con ocho presidentes en diez años—, el electorado priorizó el reaseguro de la estabilidad cambiaria y el orden económico frente a la incertidumbre que despertaba la propuesta de Juntos por el Perú. Al igual que en procesos anteriores, la capital funcionó como el contrafuerte que terminó frenando el avance de la izquierda concentrada en el sur rural y minero.
El verdadero desafío para el fujimorismo comenzará el día después de la proclamación. Asumir la presidencia con una ventaja de décimas de punto le quita a Fujimori legitimidad de origen ante la mitad de un país altamente movilizado. La gobernabilidad de los próximos cinco años dependerá de un pragmatismo obligado: Fuerza Popular no podrá gobernar en solitario y se verá forzada a articular un gabinete de coalición ancho que sume a técnicos del centro y de la derecha liberal, siendo este el único camino viable para desactivar la conflictividad social latente en el motor productivo del país.
En el plano regional, este desenlace estabiliza un socio clave de perfil pro-mercado en la Alianza del Pacífico y altera el equilibrio geopolítico frente a las corrientes de izquierda del continente. Con puentes naturales hacia administraciones afines en la región, la diplomacia de Fujimori estará, no obstante, estrictamente subordinada a las urgencias domésticas. Sin margen político para batallas ideológicas ruidosas en el exterior, la prioridad de Lima será una sola: generar un shock de confianza para la inversión privada que ayude a suturar las heridas de un país fracturado quirúrgicamente al cincuenta por ciento.
Mg. Leandro Della Vedova
CEO DV Management
Especialista en Marketing Político



