Aunque sus síntomas desaparecen en minutos, un AIT puede marcar un antes y un después en la salud cerebral.
Un ligero hormigueo en el brazo, dificultad para hablar o ver con claridad. Síntomas que duran apenas unos minutos y se disuelven como si nada. Pero ese episodio fugaz podría ser un aviso mortal. Los ataques isquémicos transitorios, conocidos como mini ACV o AIT, son mucho más que un susto: según estudios recientes, pueden dejar secuelas duraderas y afectar gravemente la calidad de vida.
Fatiga que no se va
Investigadores de la Universidad de Aalborg, en Dinamarca, analizaron a 354 pacientes con un promedio de 70 años. Más de la mitad reportó fatiga persistente tras un AIT, una sensación de agotamiento que podía durar hasta un año. Esa fatiga iba desde el cansancio físico hasta el agotamiento mental, y no tenía una explicación clara en las imágenes cerebrales.
El doctor Boris Modrau, líder del estudio, señaló que los escáneres no mostraban coágulos persistentes, por lo que el origen del malestar parece más complejo. Además, detectaron que los pacientes con antecedentes de ansiedad o depresión eran dos veces más propensos a sufrir esa fatiga prolongada. Un dato clave que apunta a la necesidad de un abordaje más integral después de un mini ACV.
El deterioro puede aparecer años después
Otro estudio publicado en JAMA Neurology por investigadores de la Universidad de Alabama, en Estados Unidos, arrojó una advertencia aún más inquietante: los efectos cognitivos de un AIT pueden ser similares a los de un ACV completo. Aunque los síntomas desaparezcan rápido, el deterioro de la memoria y la capacidad de razonamiento puede hacerse evidente cinco años después del episodio.
El neuropsicólogo Víctor Del Bene, autor principal del trabajo, aseguró que los AIT “alteran la trayectoria cognitiva” de quienes los padecen, incluso si en un primer momento no se detecta ninguna secuela. La investigación se basó en el seguimiento de más de 30.000 personas mayores de 45 años sin antecedentes previos de ACV.
Síntomas que no deben ignorarse
El ataque isquémico transitorio es una obstrucción breve del flujo sanguíneo al cerebro. A diferencia del ACV completo, los síntomas suelen durar menos de cinco minutos. Pero esa brevedad no significa que no sea peligroso. Entre el 5% y el 20% de los pacientes que sufren un AIT desarrollan un ACV en los siguientes 90 días, siendo las primeras 48 horas las más críticas.
El neurocirujano Matías Baldoncini, de la Universidad de Buenos Aires, explicó que un AIT puede comenzar con dificultades para mover una extremidad, problemas para hablar, pérdida de equilibrio o visión borrosa. “Estos síntomas se revierten rápido, pero eso no quiere decir que el problema haya desaparecido”, advirtió.
Para identificar un AIT, médicos y neurólogos recomiendan recordar el acrónimo R.A.P.I.D.O.:
- R: Rostro caído
- A: Alteración en el equilibrio
- P: Pérdida de fuerza en brazo o pierna
- I: Impedimento visual
- D: Dificultad para hablar
- O: Obtener ayuda médica
¿Un cambio de nombre para cambiar la percepción?
El término “transitorio” podría estar jugando en contra. Suena a algo pasajero, menor, inofensivo. Pero los especialistas advierten que estos episodios pueden tener consecuencias serias y llaman a cambiar el enfoque. Proponen que se abandone la palabra “transitorio” y se adopte un término que refleje mejor la gravedad de la situación.
La clave está en no minimizar. Porque ese “mini” ACV, si no se atiende como una urgencia médica, puede convertirse en una gran amenaza para el cerebro. Reconocer los síntomas, buscar ayuda inmediata y realizar un seguimiento médico adecuado puede marcar la diferencia entre una advertencia a tiempo y un daño irreversible.



