El sol de Roma se alzaba sobre la columnata de Bernini cuando comenzó el rito de entronización. León XIV ingresó en silencio, acompañado solo por los cardenales diáconos. Vestido con ornamentos sencillos, recibió el Palio y el Anillo del Pescador, símbolos del poder petrino y del compromiso pastoral.
“No vine a construir un reinado sobre piedra, sino a acompañar un pueblo en camino”, declaró tras la ovación de la Plaza de San Pedro, asumiendo sin coronación, en la línea de Juan Pablo I. El momento más emotivo llegó al abrazar a niños de zonas de guerra: “Ellos no tienen por qué pagar el precio del odio de los adultos”.
Una Iglesia más fraterna y menos temerosa
En su homilía, León XIV presentó su plan pastoral: inclusión, escucha y apertura.
“El odio moderno nace del miedo a lo distinto. La fe debe sanar ese miedo con fraternidad, no con condenas”, afirmó en italiano, inglés, español y francés. Pidió oraciones por “Gaza, Ucrania y tantos rincones olvidados” y subrayó la necesidad de “abrazar, no juzgar” a quienes se sienten excluidos por la Iglesia.
Una elección rápida y sorpresiva
Robert Francis Prevost, hasta ahora prefecto del Dicasterio para los Obispos, se convirtió en el primer papa estadounidense tras cuatro rondas de votación. Nacido en Chicago y misionero en Perú, mantiene un perfil pastoral alejado de los académicos: “No se puede gobernar sin orar primero”, dijo antes de la ceremonia.
Asistencia masiva y clima de esperanza
Más de 200.000 fieles y delegaciones de 150 países—entre ellos los Reyes de España y los presidentes de Italia, Ucrania, Argentina y EE.UU.—colmaron la Plaza de San Pedro. El evento fue transmitido en directo por 30 cadenas de TV y superó los 120 millones de visualizaciones en streaming en 12 horas.
Un pontificado de ternura y firmeza
La imagen final fue la de León XIV de pie, mitra blanca, brazos abiertos y el anillo brillando al sol.
“Este es un tiempo para volver a confiar, volver a hablar, volver a mirar al otro como un hermano”, proclamó, concluyendo:
“No es el mundo el que debe adaptarse a la Iglesia; es la Iglesia la que debe volver a tocar el mundo con ternura.”



