Hay personas que dejan obras, otras que dejan un recuerdo; Julio Rómulo Potolicchio dejó ambas. Hoy partió a la Casa del Señor, Julio Rómulo, quien fuera autor de una trayectoria que prestigió al periodismo tucumano y marcó una huella imborrable en el corazón de quienes tuvieron el privilegio de conocerlo.
Su partida enluta a la comunicación de Tucumán, pero también invita a detenerse para agradecer una vida vivida con pasión, compromiso y una extraordinaria vocación de servicio. Julio Rómulo pertenecía a esa generación de periodistas que entendía que la profesión no consistía solamente en informar, sino en formar, escuchar, aprender y enseñar. Se lo reconocía por su profesionalismo, pero quienes trabajaron a su lado coinciden en que su mayor virtud estaba en su calidad humana.
Era un hombre alegre, ocurrente, estudioso y generoso. Nunca guardó para sí aquello que sabía. por el contrario, compartía su experiencia con los periodistas más jóvenes con una naturalidad admirable, convencido de que el conocimiento crece cuando se transmite. Fue, según recuerdan muchos colegas, un maestro sin estridencias. Enseñaba en una charla de pasillo, en una cobertura, en una corrección hecha con respeto o en una anécdota que terminaba siempre con una sonrisa. Tenía el raro don de hacer sentir importante al otro.
Su carrera recorrió buena parte de la historia de los medios de comunicación tucumanos. Fue una figura emblemática de Canal 10, donde condujo ciclos que marcaron época, como TV Prensa, Sábados Para Todos y Deportivo 10. También desarrolló una extensa labor en la radio, pasando por LV7, Antena 8, Radio Nacional y Radio del Plata Tucumán, entre otros espacios que encontraron en él una voz confiable y profundamente respetada.
Su sólida formación académica también lo distinguió. Se lo reconoce como el primer Licenciado en Periodismo de Tucumán, egresado de la Universidad Nacional de La Plata, en una época en la que obtener un título universitario en comunicación era todavía un camino poco transitado. Esa preparación nunca fue un motivo de vanidad, por el contrario, la convirtió en una responsabilidad permanente para ejercer el periodismo con rigor, ética y respeto por la verdad.
También tuvo una veta emprendedora; hace años llevaba adelante un proyecto empresarial como propietario del tradicional bar ubicado en la esquina de calles Maipú y Corrientes, un lugar que, como él mismo, se convirtió en punto de encuentro para amigos, periodistas y vecinos.
Su compromiso con la comunicación pública también dejó una marca en la vida institucional de Tucumán. Acompañó al exgobernador Ramón «Palito» Ortega como funcionario y, posteriormente, trabajó junto al Dr. Fernando Juri durante su gestión como vicegobernador y, en la etapa final de su vida profesional, como jefe de Prensa del Dr. Juri.
Precisamente, el presidente del cuerpo deliberativo expresó su dolor a través de un mensaje profundamente sentido: «Hoy me toca despedir con profundo pesar a mi querido amigo Julio Rómulo Potolicchio. Julio fue un verdadero ícono del periodismo, la locución y la conducción en Tucumán. Tuve el honor de que comunique mi gestión desde el año 2003, cuando fui vicegobernador, hasta estos días, y conocer de cerca su profesionalismo impecable y su inmensa calidez. Pero, por sobre todas las cosas, Julio fue un gran amigo y una persona extraordinaria, respetada y querida por toda la comunidad periodística. Acompaño a su familia en este triste momento. Su legado y su voz quedarán siempre en nuestra memoria. Hasta siempre, Julio.»
Pero reducir a Julio Rómulo únicamente a su brillante carrera sería injusto. Quienes compartieron su intimidad recuerdan, sobre todo, al hombre de familia. Al gran tío que despertaba ternura y admiración en sus sobrinos y sobrinos nietos, quienes lo llamaban con un apodo tan entrañable como el vínculo que los unía: «Yulito Papá». Ese nombre afectuoso resume, quizás mejor que cualquier curriculum, la dimensión humana de quien supo ganarse el cariño sincero de los suyos.
Su partida deja un legado invaluable: el ejemplo de que el verdadero prestigio no se construye únicamente con años de trayectoria, sino con la humildad para seguir aprendiendo, la grandeza para compartir lo aprendido y la generosidad para tender una mano a quien recién comienza.
Los periodistas solemos creer que las palabras alcanzan para explicar la realidad. Sin embargo, hay despedidas en las que el silencio pesa más que cualquier crónica.
Hoy Tucumán despide a uno de sus grandes comunicadores, pero sobre todo, despide a un hombre bueno. Y los hombres buenos, los que enseñan sin imponerse, los que abrazan sin pedir nada a cambio, los que hacen de la profesión una forma de servir a los demás, nunca terminan de irse.
Mientras exista un periodista que recuerde uno de sus consejos, un televidente que evoque su voz o un sobrino que siga pronunciando con cariño el nombre de «Yulito Papá», Julio Rómulo Potolicchio seguirá ocupando ese lugar privilegiado que sólo alcanzan quienes vivieron con nobleza y dejaron una huella imborrable.
Tenía 74 años y murió confortado. Sus restos serán velados mañana,17 de julio, de 8 a 16 hs, en la Empresa San Bernardo, José Colombres 40.
Descanse en paz Julio Rómulo.


