El MetLife apagó las luces y en Argentina la esperanza de esfumó. Lo que durante semanas había sido fiesta, banderas y sueños de cuarta estrella se convirtió de golpe en lágrimas y tirsteza..
En el Obelisco, el punto de encuentro de todas las alegrías argentinas de los últimos años, los hinchas manifestaron su agradecimiento por el camino que la Selección Argentina hizo durante este mundial . Los hinchas se juntaron igual, como siempre, pero esta vez para llorar juntos mientras cantaban lo que no pudo ser. Las banderas siguieron ondeando, no en señal de victoria sino de orgullo por lo que este equipo dio a lo largo del torneo. Una manera argentina de procesar la tristeza: juntos, aunque duela.
Del otro lado del océano, Scaloni enfrentó los micrófonos con la voz hecha pedazos. “Tristeza, pero sabiendo que hemos dejado todo. Agradecimiento eterno a estos chicos que nos han dado otra final del mundo y que han competido hasta el final”, arrancó el entrenador, que se mantuvo de pie durante los primeros minutos. No duró mucho. Cuando llegó el momento de hablar de su futuro, Scaloni no pudo más: “Este lugar es maravilloso, es un lugar soñado. En mi vida pensé estar en este lugar. Para seguir se necesitan un montón de cosas, volver a resetearse, volver a formar un grupo como este que difícilmente se vuelva a formar, y me duele en el alma. Lo siento”, dijo antes de quebrarse y abandonar la sala entre lágrimas.
El DT reconoció que las lesiones condicionaron la final: Romero y Lisandro Martínez salieron durante el partido, y la expulsión de Enzo Fernández en el tiempo extra complicó aún más el panorama. “No es una excusa, pero es verdad, el desgaste ha sido enorme”, explicó, sin eludir la superioridad española. “Somos grandes en la victoria y tenemos que ser grandes en la derrota. Al país quiero decirle que dimos todo”, cerró.
La incógnita sobre el futuro de Scaloni quedó abierta, su contrato vence en diciembre de 2026 y él mismo admitió que necesita pensar antes de hablar con el presidente de la AFA. Lo mismo aplica para Messi, que abandonó el campo entre lágrimas a los 39 años y cuyo retiro de la Selección parece hoy más cerca que nunca.
Argentina se fue sin la copa pero con algo que ningún marcador puede quitarle: dos finales mundiales consecutivas, un ciclo que redefinió la historia del fútbol argentino y una generación que lo dio todo hasta el último segundo. Duele hoy. Pero este equipo siempre va a ser nuestro.



