El pasado 11 de junio, en Tucumán se llevaron a cabo las elecciones suspendidas un mes atrás. Con las renovadas boletas de oficialismo y algunas dudas sobre si la oposición solicitaría una nueva postergación de los comicios, la provincia finalmente pudo llamar a las urnas. Sin embargo, se trató de una ajetreada jornada, que mantuvo en estado de alerta a los tucumanos dada una serie de hechos que pueden destacarse en orden cronológico.

El extenso domingo inició temprano. A las 8:00 horas eran numerosos los ciudadanos que se habían presentado a sufragar para, en varios casos, encontrarse con establecimientos cerrados. En aquellos que no demoraron en abrir, empezaron a formarse largas filas hacia el cuarto oscuro. Un sitio en el que se acomodaron mesas y mesas repletas de votos con nombres de diversos candidatos de cada espacio político. Aunque muchos de esos ciudadanos no lo sabrían hasta – incluso – tres horas más tarde, en las que les tocó aguardar de pie, armados de paciencia.
Para ese entonces, ya hubo algunos otros aspectos remarcables. Se ausentaron múltiples presidentes de mesa, cuyas funciones se encargaron a aquel primer grupo de votantes. Por el contrario, los fiscales oficiales resaltaron por su gran número: se contaron más de dos decenas en una mesa de la Escuela Normal. Asimismo, asistieron más de 20 prófugos con pedido de captura activa. Pero sus detenciones no llamaron tanto la atención como la presencia de algunos prisioneros, que fueron a reclamar derechos electorales acompañados por policías.

Para las 17:00 horas, ya había votado más del 72% del padrón, según la Junta Electoral Provincial. Cifras que se dieron a conocer entre una marea de denuncias por clientelismo, suplantaciones de votantes y conflictos violentos entre partidarios de distintas fuerzas políticas. Una hora más tarde, cuando ya debían cerrarse los comicios, las urnas seguían recibiendo sobres.

Cayó la noche. Un grupo de transeúntes observaba un pequeño espectáculo musical, montado en las afueras de la Casa de Gobierno. En el interior del edificio, el gobernador Juan Manzur se preparaba para, minutos después, anunciar el triunfo de Osvaldo Jaldo, quien asumiría en su lugar. Mientras tanto, desde un vacío búnker, Germán Alfaro y Roberto Sánchez aseguraban que los oficialistas estaban alterando el escrutinio. Cabe recordar que esa fue la segunda denuncia efectuada aquel día, pues no había salido el sol cuando los opositores alertaron sobre extraños movimientos de cajas en pleno centro.

Para las 22:00 horas, el Frente de Todos había reunido alrededor de un 60% de votos frente al 30% de Juntos por el Cambio. Cada ciudadano podía corroborar los resultados provisorios a través de un sitio web que registraba los votos procesados. Sitio que dejaría de actualizarse durante la madrugada, en momentos de gran expectativa frente a los similares porcentajes entre las candidatas que estos partidos presentaron para la intendencia de la capital tucumana.

Ocurrió una “falla técnica”, informó la Junta Electoral. Un desafortunado “error del sistema” que complementa la complejidad de un proceso caracterizado por filas inmensas, centenares de candidatos, ausencia de presidentes de mesa y exceso de fiscales, prófugos y prisioneros votantes, clientelismo, suplantación, violencia, entre otras tantas cuestiones que los ciudadanos vivieron y dieron a conocer con gran descontento.
Han pasado 24 horas y persiste la lucha entre Rossana Chahla y Beatriz Ávila por la intendencia de San Miguel de Tucumán. Los ciudadanos deberán seguir esperando para saber quién es la candidata electa. Se dispuso que el recuento definitivo de votos se realice, recién, a las 18:00 horas de un martes 13 al que los capitalinos deberán pedirle buena suerte.
