Por Florencia Nucci. Para La Proclama.
En el año 2032 podríamos estar ante un escenario educativo en el que los estudiantes que ingresen a la escuela secundaria y a la universidad hayan sido formados en instituciones libres de pantallas, y bajo un esquema de acceso gradual y regulado a la tecnología
La Legislatura de Tucumán aprobó, en la última sesión del año 2024, la restricción del uso de teléfonos celulares en las aulas de la provincia mediante la promulgación de la Ley 9852. Meses antes, la misma Honorable Legislatura había establecido la capacitación obligatoria para docentes de los distintos niveles educativos en la herramienta de divulgación “GradualGuide: Guía de Recomendaciones de Acceso Gradual a la Tecnología”, desarrollada por el Observatorio de la Vida Tucumán. (1)
A pocos días del inicio del ciclo lectivo 2026, ya se observan numerosos resultados de la implementación de ambas medidas. Vemos como Tucumán, a partir de decisiones como éstas y del apoyo a las mismas, se posiciona de manera pionera en el abordaje de la exposición a pantallas de los niños y adolescentes, en sintonía (e incluso con cierta anticipación en algunos aspectos) respecto de los primeros países del mundo que avanzaron en regulaciones similares.
En este contexto, el debate, tanto privado como público, se intensifica y marca un punto de inflexión en la relación entre tecnología, regulación y bienestar infantojuvenil.
De sostenerse la implementación de éstas políticas en el tiempo, hacia 2032 el escenario podría ser el siguiente:
- Ingresaría a la universidad, a terciarios o al mercado laboral la primera promoción de estudiantes egresados de escuelas secundarias libres de pantallas, luego de aproximadamente 15 años.
- Comenzaría la escuela secundaria la primera cohorte de alumnos formados en escuelas primarias libres de pantallas, luego de más de 15 años.
Quizás en 2032 ya conozcamos las respuestas a los cuestionamientos que señalan que las grandes empresas tecnológicas habrían investigado muy poco, o casi nada, sobre el impacto de sus aplicaciones en la salud mental de niños y adolescentes. Tal vez para entonces también se hayan resuelto los procesos judiciales abiertos en distintos lugares del mundo para determinar si la industria contaba con información que no fue debidamente difundida. Mientras tanto, se habrán transitado seis años de políticas educativas como las antes mencionadas, orientadas a resguardar el bienestar y la salud mental de los niños tucumanos.
Acceso gradual a la tecnología: conceptos
La introducción de los niños a la tecnología debiera ser gradual y cuidadosamente regulada, siguiendo las recomendaciones de las asociaciones de pediatría y de los expertos en salud pública. Miguel Ángel Martínez González, médico y autor destacado en el ámbito de la medicina preventiva, sostiene que la exposición prematura a la tecnología puede tener efectos nocivos sobre la salud mental y el bienestar físico. Por eso, sugiere que el acceso a dispositivos como smartphones y redes sociales no debe permitirse hasta una edad adecuada, generalmente después de los 16 años, cuando los jóvenes serían capaces de comenzar a autorregularse y a comprender los riesgos asociados.
La “gradualidad” se refiere a un proceso o cambio que se produce de manera gradual, es decir, paso a paso, de forma progresiva y lenta. Este concepto se utiliza en diversos campos, desde la educación hasta la ciencia y la vida cotidiana, para describir el proceso de desarrollo o cambio que ocurre de manera constante. Es un principio que ha sido observado y aplicado en la historia de la humanidad en múltiples áreas. En la educación, por ejemplo, implica que el aprendizaje y el desarrollo de habilidades no ocurren de manera instantánea, sino que requieren tiempo y práctica continua. En la ciencia, la gradualidad se relaciona con la evolución y el cambio a lo largo de períodos extensos de tiempo.
Ejemplos de gradualidad en educación son el acceso gradual de los niños a distintos objetos y tecnologías puede entenderse como un proceso de mediación cultural progresiva, en el que cada artefacto cumple una función específica en la construcción de autonomía, coordinación motriz y socialización. No se trata de un simple reemplazo de objetos, sino de una secuencia de apropiaciones que reflejan tanto el desarrollo biológico como el entorno cultural en el que el niño crece. En el ámbito del descanso, por ejemplo, el pasaje del moisés a la cuna y posteriormente a la cama constituye una transición que va de la contención absoluta hacia la independencia relativa. El moisés ofrece un espacio reducido y seguro, la cuna amplía el margen de movimiento y la cama simboliza la capacidad de gestionar el propio espacio de descanso, marcando un hito en la autonomía cotidiana.
En la alimentación, la secuencia que va de la lactancia materna a la mamadera, luego al vaso de plástico y finalmente al vaso de vidrio, muestra cómo cada etapa introduce nuevas exigencias de coordinación y responsabilidad. El pecho materno implica contacto y nutrición directa, la mamadera inaugura la mediación de un objeto, el vaso de plástico permite practicar sin riesgos y el vaso de vidrio exige cuidado y control, evidenciando un nivel superior de madurez.
En el transporte, el recorrido desde el cochecito hasta el triciclo, la bicicleta con rueditas, la bicicleta convencional y finalmente el automóvil, refleja un proceso de ampliación del radio de acción y de la autonomía espacial. Cada medio de transporte habilita nuevas formas de desplazamiento, e introduce reglas, habilidades y responsabilidades crecientes: del movimiento pasivo en el cochecito al equilibrio en la bicicleta, y de allí a la conducción responsable del automóvil.
En todos estos casos, el acceso gradual a la tecnología puede interpretarse como una escalera de aprendizajes en la que cada peldaño prepara el siguiente. El niño no accede de manera abrupta a los objetos más complejos, sino que transita por etapas intermedias que le permiten adquirir las destrezas necesarias para apropiarse de ellos. Este proceso evidencia que la tecnología, entendida en sentido amplio, es inseparable del desarrollo humano y de la transmisión cultural.
La incorporación de tecnología ha requerido SIEMPRE del acompañamiento adulto, del criterio de los padres, de la familia, y de un respeto estricto por las recomendaciones establecidas desde las asociaciones de pediatría. Más aún en lo que a exposición a pantallas se refiere, donde los expertos ya conocen, las edades en las que se podría exponer a un niño a una pantalla, y nos señalan los tiempos adecuados de exposición, los límites de uso y las condiciones de seguridad necesarias.
GradualGuide: Guía de Recomendaciones de Acceso Gradual a la Tecnología
GradualGuide propone un cuidadoso y adaptado al desarrollo humano natural. Reconoce la importancia de un acceso gradual y equilibrado a la tecnología desde el momento de la concepción en el seno materno, hasta la edad adulta temprana, teniendo en cuenta la realidad natural del ser humano.
Considera que el mejor aprendizaje y la mejor preparación para el “mundo en línea” se da en la niñez y en la adolescencia, precisamente en la realidad del “mundo fuera de línea”. Con el convencimiento de que cuanto más preparados estén los niños, mayor autonomía tendrán como adultos.
Considera además que, para que en la vida adulta los niños y adolescentes puedan aprovechar los beneficios de la tecnología de manera segura, antes deberán preservarse en ellos aspectos de suyo trascendentales del desarrollo humano, como el juego, la interacción social, la contemplación, la reflexión y el aprendizaje que se dan en el “mundo fuera de línea”, sin estar expuestos a una pantalla.
El sentido de la privacidad, para poder distinguir lo privado de lo público; el desarrollo de la templanza, para poder fortalecer la disciplina personal en todo sentido; la capacidad de concentrarse, siendo esta una capacidad fundamental en el proceso de aprendizaje; la capacidad de controlar la impulsividad, etc., todas características relacionadas con la madurez. Aptitudes todas que se aprenden en el “mundo fuera de línea” en el “mundo real” y que son necesarias para usar un smartphone, una tablet, o cualquier otra pantalla.
GradualGuide propone un acceso responsable a la tecnología, donde los adultos desempeñan un papel activo en la introducción gradual de los niños al mundo digital, y brinda recomendaciones prácticas para que los padres, abuelos, maestros y educadores introduzcan a sus hijos, nietos y alumnos en dicho mundo de manera responsable y segura, con base en el reconocimiento de que cada etapa de la vida tiene sus propias capacidades, necesidades y habilidades, motivo por el cual, se sugiere un enfoque progresivo que se ajuste a estas características.
Las recomendaciones de esta guía pretenden ser una herramienta para que los adultos puedan comprender los riesgos del mundo digital y ayudar a los niños a desarrollar habilidades de manera gradual; establecer límites de tiempo de exposición a pantalla adecuados en la pantalla adecuada; y promover un uso equilibrado de la tecnología en cada etapa de su crecimiento. Sobre todo a comprender lo que la exposición indirecta significa. Además, se abordan consideraciones éticas y de salud, como la protección de la privacidad y el bienestar integral del niño. Parte de la base de que la idea de educar a los niños en el uso responsable de la tecnología antes de que hayan experimentado las etapas de crecimiento y madurez necesarias, aprendiendo a ser responsables, podría considerarse una falacia. Ya que sería imposible que un niño se autorregule en el uso de un smartphone.
Cabe destacar que como las pantallas cambian, las recomendaciones también lo hacen, razón por lo cual se ven cada vez más restrictivas. Y también razón por la cual las versiones de GradualGuide van cambiando año a año.
Soluciones a través de cuatro reformas
Las cuatro medidas para “recuperar la vida humana”, que el psicólogo social Jonathan Haidt propone a la hora de revertir la infancia centrada en el teléfono, son las siguientes:
- Nada de smartphones antes de los 14 años
- Nada de redes sociales antes de los 16 años
- Nada de teléfonos móviles en las escuelas y colegios
- Más independencia, juego libre y responsabilidad en el mundo real
Las mismas se encuentran desarrolladas y documentadas en su libro “La generación ansiosa”. En el mencionado libro, el autor aborda lo que denomina una “emergencia de salud mental que afecta a una generación que ha crecido indefensa en el universo online”. Señala que “estamos ante una juventud que se ha criado en un contexto de adicción a los smartphones y a las redes sociales sin haber alcanzado la madurez necesaria para gestionar su identidad correctamente”.
Si las proyecciones mencionadas al inicio de esta nota se cumplen, Tucumán habrá anticipado un debate global y habrá traducido en políticas públicas concretas aquello que especialistas como Jonathan Haidt señalan como urgente: reconstruir una infancia menos mediada por pantallas y más arraigada en la experiencia real.
En esa convergencia entre evidencia científica, decisión política y responsabilidad adulta, acompañada por el enfoque progresivo que propone GradualGuide, basado en un acceso gradual y acorde a cada etapa del desarrollo, podría estar la clave de un nuevo equilibrio: formar generaciones humanas y sólidamente educadas en el mundo fuera de línea, capaces de ingresar en su debido momento al mundo digital sin haber resignado en la infancia la riqueza insustituible del mundo real.
Quizás todos deberíamos aprender que Internet no es un lugar donde se vive, sino un ámbito al que se accede en circunstancias precisas y con un propósito definido.
(1) La Guía: https://drive.google.com/file/d/14SkMNgPRIs_dnEiWDlCuVLYAGcnqnPjC/view?pli=1
Florencia Nucci
Ingeniera en Computación
Diplomada en Ciencias del Comportamiento y Sociedad
Técnica del Observatorio de la Vida Tucumán



