Australia tuvo el honor de ver nacer a un héroe. Uno que no tiene capa ni superpoderes pero que, sin dudas, posee un gran corazón y una característica muy especial. James Harrison tiene 86 años y actualmente es conocido como “el hombre del brazo de oro”. En los años sesenta descubrió que su sangre contenía anticuerpos poco comunes. Desde entonces, por casi seis décadas, se dedicó a donar plasma y evitar la muerte de millones de bebés.

Corría 1951. Un pequeño James, de apenas 14 años, atravesaba una grave enfermedad que lo obligaría a someterse a una complicada cirugía de pecho. Para sobrevivir necesitó la transfusión de 13 litros de sangre que, afortunadamente, obtuvo gracias a donantes anónimos. “No sé cuántas personas se necesitaron para salvar mi vida. Nunca los conocí, no los conocía”.
Luego de una experiencia como tal, Harrison hizo una importante promesa para sí mismo: apenas tuviese la edad solicitada, donaría tanta sangre como le fuese posible. “Siempre estaba ansioso por donar, desde la operación”. Cumpliría con lo dicho cuatro años después, cuando fue a su primera extracción, superando una intensa aversión a las agujas. Él cuenta que, sin importar la cantidad de veces que lo hizo luego, jamás fue capaz de observar su brazo durante el proceso.

Había pasado una década cuando recibió el llamado de un grupo de médicos que tenía un inesperado mensaje para él. Al parecer, habían logrado detectar que la sangre de este hombre contenía un importante y poco usual anticuerpo, que permitía preparar inyecciones capaces de salvar vidas. Nadie supo explicar bien por qué su organismo era capaz de producirlo. Harrison lo atribuyó a la cantidad de transfusiones que conllevó aquella intervención en su adolescencia. James estaba “feliz de continuar donando para ayudar a la mayor cantidad de personas posible”.
Los componentes de su sangre podían combatir la “enfermedad de Rhesus”, también conocida como “enfermedad hemolítica del recién nacido” o “eritroblastosis fetal”. Se trata de un complicado trastorno sanguíneo que, a veces, resulta mortal para los bebés. Consiste en que, si la madre y su hijo tienen un grupo sanguíneo incompatible, la embarazada produce anticuerpos que atraviesan la placenta y destruyen los glóbulos rojos del feto. En otras palabras, el cuerpo de la madre interpreta que la sangre del bebé es una sustancia extraña y amenazante, por lo que la ataca.
Por suerte, la inmunoglobina Anti-D se presenta como una solución para tal situación. Según la página oficial de la Cruz Roja Australiana, esta es “una inyección que evita que las mujeres Rh(D) negativas desarrollen anticuerpos potencialmente dañinos contra un bebé Rh(D) positivo”. Por tal motivo, el Anti-D es altamente requerido y se compone “del plasma de donantes especiales como James”.

Harrison comenzó a presentarse para las extracciones cada tres semanas. Y así lo hizo por casi 60 años, hasta que en 2018 – al alcanzar ocho décadas de edad – tuvo que abandonar su noble accionar por prescripción médica. Se estima que, a lo largo de su existencia, realizó 1.173 donaciones y salvó más de 2.000.000 de vidas. “Durante mi última donación llegaron unas doce madres con sus bebés para agradecerme lo que he hecho. Fue bastante triste, el fin de una era para mí. Yo continuaría haciéndolo, si me lo permitieran”.

Este hombre “fue un pionero de nuestro programa Anti-D”, informa la Cruz Roja Australiana. “Millones de dosis que contienen sangre de James se han entregado a madres australianas con un tipo de sangre negativo desde 1967”, informa la organización benéfica de ayuda humanitaria y servicios comunitarios. “Ha sido uno de nuestros donantes más impresionantes y valiosos”.
En 1999, Harrison recibió la “Medalla de la Orden de Australia por su increíble y continuo apoyo al programa Lifeblood y Anti-D”. Ese sería el primero de varios reconocimientos que recibiría. El hombre del brazo de oro, con su inmensa generosidad, dejó un legado que inspira a Australia y al mundo entero a tener grandes gestos como el suyo.


